Estar sentado en una silla de ruedas, solo, en la entrada del hospital que lo acogió por unos días era alentador, hasta que se sabía abandonado.
Llamar a Ann fue inútil, no hubo forma de contactarla, y allí noto que esto no era mas un contrato, su corazón dolía, la preocupación no le dejaba, el no saber mucho de ella, de sus círculos de amistades, no podía llamar a nadie porque no conocía a nadie lo suficiente como para investigar.
Para su mal, Martin había pasado por su habitación, pero tuvo q