Me quedé petrificada.
Sentí un leve sabor a sangre en la boca, y un zumbido punzante en los oídos.
Emma lanzó un gritito ahogado y enseguida tomó apresurada la mano de Carlos.
—Carlos, ¡cómo pudiste hacer eso! Aunque Claudia esté fingiendo estar enferma, ¡es solo porque no le prestas suficiente atención! Ya lo habíamos hablado antes de venir, ¿no es así? Que hablarías con ella de buena manera...
Con sus palabras tranquilizadoras, Carlos empezó a calmarse.
Pero al mirarme, todavía lo hacía con de