Carlos no entendía por qué me había convertido en tal situación.
Con temor, sostuvo mi cuerpo, como si temiera que perdiera el equilibrio y cayera de la cama.
—Claudia, ¿qué sucede? Lo siento, no era mi intención, no me asustes...
Pero solo sonreí sin cesar.
Nunca supe que la indiferencia de Carlos, sus reproches y su deseo de culparme eran, en realidad, simplemente su forma de "amar".
Poco a poco, con sus constantes intentos de calmarme, empecé a serenarme.
Secándome los ojos húmedos con los nu