Carlos Alonso tensó los músculos de su brazo, y en sus ojos brotó una pizca de gran remordimiento.
—Claudia, escúchame. Yo crecí con Emma Cornejo, la considero como una hermana, así que cuidarla se ha vuelto algo habitual. Ese día, Emma realmente no estaba bien...
—¿Cuándo acaso ha estado Emma bien? —le pregunté, mirándolo fijamente a los ojos, palabra por palabra.
—El día de mi cumpleaños, Emma dijo que se sentía enferma, y tú dejaste a todos tus amigos para quedarte con ella, como si te divirt