—Nadie lo sabe en realidad, pero comencé a perder la cabeza hace un rato... Justo como en el momento en que Shell me abandonó, igual que hace algunos años.
Mantenía los brazos cruzados sobre el pecho. Mi mirada, de un verde oscuro y desprovista de luz, proyectaba un resplandor frío y sombrío mientras seguía cada movimiento de Axel. Shell tenía ambas manos atadas a los extremos de la mesa; sentía que no podía dejar de mirar, atrapado en una fijeza letal.
—Te lo dije, Sheyla
Siseó Axel
— No le im