Después del desayuno, me invadió un sueño que no pude resistir. ¡Qué extraño! Recién me había levantado. Al despertar, el olor a humedad y a polvo me pincharon la nariz; al parecer, me habían cambiado de habitación. Debido a que la electricidad no llega correctamente, el lugar está en penumbras, iluminado apenas por linternas y farolas regadas por el suelo, una atmósfera que detesto.
Hay muebles forrados y anaqueles amontonados al azar que forman un ambiente deprimente, como el de una casa aban