Había pasado una semana desde que todo ocurrió. Los niños estaban preocupados por su papá y yo, ni se diga; sentía que cada día era un siglo sin tenerlo a mi lado. Era como un cuento en el cual mi príncipe se había convertido en la Bella Durmiente.
—Lo siento, nena, debemos regresar
Dijo mi tía con tristeza
— Los deberes de tu tío lo reclaman. Quisiera quedarme para ver cuándo mi hijo abre sus bellos ojos; me parte el alma verlo así.
—No te preocupes, tía, él estará bien. Les avisaré en cuanto