El viernes de la segunda semana de febrero, Marcus llamó con la última novedad del proceso penal.
No era urgente. Lo dijo al principio de la llamada, antes de los datos, para que Renata pudiera decidir si contestarla en ese momento o esperar. Era la primera vez que Marcus hacía eso: preguntar primero en lugar de asumir que cualquier momento era el momento correcto para el trabajo legal.
—Puedo hablar —dijo Renata.
—El juicio de Ibarra tiene fecha provisional. Octubre del año que viene. —Una pau