La semana treinta llegó con el cuerpo.
No como anuncio ni como evento. Como una mañana en que el espejo del baño mostró algo diferente a lo que había mostrado la semana anterior y que era simplemente que el embarazo había dejado de ser algo que solo se notaba si uno sabía qué buscar y había pasado a ser algo que cualquiera podría ver en cualquier dirección sin necesidad de saber nada.
Renata lo miró durante un momento.
Luego se lavó los dientes y fue a preparar el desayuno.
Adriano estaba en la