Ver entrar a su esposo a su cuarto, con solo una bata y su cabello aun húmedo, casi una hora después hizo que el corazón de Elena palpitara fuerte en su pecho. Era como si es noche estuviese reviviendo los sentimientos de la primera vez que se vieron. Él había sido bastante atento, la cena fue buena, el baile, las rosas que había acomodado junto con las que le habían entregado, y ahora, bueno sexo.
Realmente no se podía quejar. Y tenía que reconocerlo. Hacerlo con él era intenso, pero se sentía