Elena no tenía mucho apetito para la hora de la cena. Realmente la escena de celo rarísima que había tenido su esposo era algo… rarísima. Esa era la palabra.
Había malinterpretado todo, sin preguntarle nada. Simplemente la acusó sin más arruinando la poca felicidad que le quedaba del día. Sabía que no podía quedarse así, quizás debía salir y celebrar por sus propios medios. Así que se bañó, se vistió con un vestido largo pero casual y se destinó a salir de la mansión cuando por la puerta entró