La mansión Lawrence solía oler a cera cara y flores frescas. Ahora, mientras Evelyn Lawrence entraba, olía a alcohol viejo y desesperación.
Encontró a Celeste en la sala, tirada en un sofá como una muñeca rota. Era solo mediodía, pero había una botella de vino a medio terminar sobre la mesa. Celeste ya no parecía una "supermodelo". Su cabello estaba desordenado, su bata manchada y tenía los ojos rojos.
—Sigues almorzando alcohol, ya veo —dijo Evelyn con asco.
Celeste ni siquiera se sentó. Solo