C55. EPÍLOGO
[NARRADOR OMNISCIENTE]
El primer llanto no fue suave.
Fue fuerte.
Lleno de vida.
Y en el instante en que ese sonido llenó la sala, todo lo demás dejó de importar.
Eva apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sintió cómo su cuerpo se rendía al cansancio, pero su mente seguía despierta, aferrándose a ese momento como si temiera que fuera un sueño. Sus manos temblaban ligeramente, no por debilidad, sino por la emoción que no sabía cómo contener.
—Es un niño…
La voz de la doctora llegó como un eco lejano,