C11. La oficina

[EVA]

—Está embarazada —dice y mi mundo se cae.

Me lo dice así sin más, sin saber que en mi interior todo a partir de ahí se vuelve un caos. Yo digo que estas noticias deberían anunciarse con algún filtro. Sin embargo, ahí me encuentro yo, con mi rostro pálido y mis labios abiertos y temblorosos, escuchando una pregunta tras otra en mi cabeza.

¿En qué momento? ¿Cómo? ¿Por qué ahora?

Y recuerdo ¡El día del sofá y mi alergia! Fue tanto que olvidé tomar la pastilla del día después y como nunca tenía nada con Jared no me estaba cuidando.

¡¿Y ahora que se supone que debo hacer?!

Cómo si escuchara mis pensamientos, el doctor sonríe de forma comprensiva y me da unas cuantas indicaciones, aunque no precisamente las que pretendo escuchar.

—Tiene que comenzar los controles de inmediato y cuidar más su alimentos….

El doctor habla y yo lo escucho a lo lejos, Pero en realidad ya estoy muy lejos de ahí. Mis pensamientos están en otra parte.

¿Un bebé? ¿Un bebé de Jared y mío? ¿Qué dirá cuando lo sepa? Al fin y al cabo, últimamente no era más cariñoso, pero tampoco era tan distante.

Un mes había pasado desde nuestro encuentro en el sofá. Desde ese día llegaba más seguido a dormir a la casa y no ignoraba del todo mi presencia, aunque yo intentaba no aparecer frente a él. Un poco por nervios y otra por indignación. Pero ahora había un bebé de por medio. Recuerdo como la abuela pedía un bisnieto y decía que soñaba con vernos unidos como una familia completa y feliz. Ella hubiera estado muy contenta de ver que su deseo se estaba volviendo realidad y que finalmente seríamos tres.

Observé de nuevo los resultados de mis exámenes y suspiré nerviosa. Quizá esto era lo que Jared y yo necesitábamos para salvar nuestro matrimonio. Quizá y solo quizá él estaría igual de feliz que yo, porque sí… a ese bebé yo ya lo amaba con el alma y si de algo estaba segura era de que lo protegería.

El doctor indicó cuales tenían que ser mis cuidados a partir de ese momento. Visitas más frecuentes al odontólogo, citas con la nutricionista y hasta un par de sesiones con un psicólogo. 

Todo era nuevo, pero emocionante.

¡Tendría un bebé!

No podía esperar a comentarlo con Jared. Después de todo era un pedacito de él y aunque no fuéramos una pareja convencional o tradicional, nos estábamos soportando más que antes. Tal vez esto es lo que necesita nuestro maltrecho matrimonio. Así que una vez salí del hospital tomé mi teléfono y busqué su número. Estaba a punto de escribirle que necesitaba hablar con él de algo importante, cuando un mensaje de un número que no tenía registrado cayó en mi bandeja de entrada.

“¿Sigues pensando que eres alguien para él? No te hagas ilusiones, solo eres una pieza de repuesto para él. Un para mientras”.

Y seguido del mensaje, un vídeo corto grabado por Paulina, recostada en una cama a la par de un hombre, acostado de lado y, podría jurar que ya visto desde ese ángulo se parecía mucho a Jared, y parecía estar bastante cómodo. Ella sonreía y le preguntaba que cuándo me iba a botar del todo…

—¿Si vas a dejar a esa usurpadora o acaso ya le estás tomando cariño?

—¿Estás celosa de un simple repuesto? Sabes que me casé con ella por conveniencia en ese momento y porque tú no estabas…

Paro el video en el momento en el que ella sonríe y le hace un guiño a la cámara, para después acomodarse entre los brazos de él como si ese fuera su lugar en el mundo. Cómo si perteneciera ahí. Cómo si fuera su lugar . El lugar de su esposa.

Mi mano se ciñe contra el móvil. Mi cuerpo arde y no sé si de coraje, tristeza o decepción, pero no por él, no del todo. Me siento decepcionada de mí por creer que algo había cambiado el último mes, por hacerme ideas estúpidas de una familia feliz y amorosa. Por creer que podría tener el matrimonio que llevo deseando desde hace dos años. Me siento decepcionada de mí misma por ilusa.

Sin darme cuenta, de un momento a otro un par de lágrimas recorren mis mejillas y caen sobre los resultados de la prueba de embarazo.

«Esto no se va a quedar así» me repito mentalmente, mientras llamo un taxi para ir a su oficina a plantarle cara. 

El taxi tarda casi tres horas en llegar a la oficina de Jared. El tráfico a esta hora es una tortura. Así que apenas llegamos le pago al chófer y me apresuro a entrar a la oficina. Una vez frente al elevador marco el piso 7 donde se encuentra la oficina de Jared y repiqueteo con el pie en el piso del elevador, ansiosa por todo aquello que invade mi pecho.

—¿Señora Martinez?

Apenas el elevador se abre soy interceptada por Nancy, que se pone muy nerviosa de pronto—. Me temo que no puedo dejarla pasar —hace una seña sutil con la mano a los dos hombres de traje negro que se encuentran custodiando la puerta de la oficina de mi esposo y estos se cierran más para evitar mi paso.

—Tengo que hablar de algo importante con tu jefe.

—Seguro que sí, pero tengo que seguir órdenes, señora.

Intento dar un paso y me cierra el paso de nuevo.

—Nancy, soy la esposa de Jared…

—Lo sé, pero él señor Martinez dió órdenes claras. Que nadie puede interrumpir.

¿Interrumpir?

Sin más paciencia para esperar, la aparto con un brazo y me acerco a la enorme puerta café.

—Lo siento, pero el paso está restringido para cualquier persona.

Rio con amargura.

—No soy cualquier persona. Soy la esposa de Jared —hago un nuevo amago por entrar y me vuelven a detener.

Ok, esto me está cansando.

—Si no se apartan pediré que los despidan…

Dudan un poco, se miran entre sí y aprovecho esa pequeña distracción para empujarlos y entrar rápidamente a la oficina…

Y me arrepiento tanto de haberlo hecho. Así como de haber sentido algo por él.

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