El trayecto de regreso desde la finca Moreau estuvo cargado de silencio. Vivian permanecía sentada en el asiento del copiloto, contemplando las luces de las calles que pasaban frente a ella y se desdibujaban sobre el cristal oscuro.
No había dicho más de tres palabras desde que salieron de la cena, y Darius había notado el cambio.
Normalmente, Vivian llenaba cualquier espacio de silencio con una conversación sencilla, pero aquella noche parecía completamente perdida en sus pensamientos.
Cuando