Para cuando Alessia entró con su coche en la entrada de la finca Moreau, la casa ya estaba llena de actividad. La cálida luz se filtraba por los altos ventanales y caía sobre la grava, mientras el sonido amortiguado de las conversaciones llegaba desde el interior. Permaneció sentada detrás del volante durante unos instantes, dejando que el motor ronroneara suavemente mientras recuperaba el control de su respiración.
Todo parecía exactamente igual. Aquella imagen familiar le provocó una inespera