Capítulo 41
—Estás delirando, Lucien —respondió Margaret con calma, aunque su voz temblaba apenas—. No tengo que darte explicaciones. Ya no somos nada. Y si quiero o no rehacer mi vida… es asunto mío.
Lucien se quedó sin palabras, le costaba modular aunque fuera un susurro, Margaret era tan cruel, que ni siquiera podía creerlo del todo.
Ella le sostuvo su mirada, directa, firme, aunque por dentro sentía cómo el corazón le latía con una fuerza insoportable.
Luego giró hacia los invitados, esboz