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En ese momento, alguien entra por la puerta. Era Lautaro.

— Bueno princesa, al parecer ya pagaron por tu rescate, así que nos tenemos que ir — dijo.

— ¿Por qué? — pregunté, supuestamente si no lo sabías.

— Cuando una persona paga por el rescate de otra, hay que entregar a la persona, no irse — expliqué, tratándolo como si fuera un niño de tres años.

— Vamos &mda

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