La Última Gota
Conducía como si las carreteras fueran personales.
Cada semáforo se sentía como un insulto. Cada coche lento delante de ella parecía colocado deliberadamente. Para cuando se detuvo frente a la casa, sus manos estaban tensas en el volante y le dolía la mandíbula de contenerlo todo.
Entró y se quedó afuera.
Silencio. Vacío. Daniel aún no ha vuelto.
Cerró los ojos.
Bien. Necesitaba esta casa para ella sola, solo por un momento, el espacio justo para desmoronarse un poco a