Elara miró a Victor con enojo.
—¿Quién crees que eres? Esta no es tu empresa, Ministro. ¿Cómo te atreves a hablar sin mi permiso? —dijo fríamente.
Victor cerró su cuaderno con calma antes de responder.
—Entiendo tu enojo hacia mí —dijo en voz baja—. Pero esto es negocio. Estábamos tratando de ser profesionales. Y la última vez que revisé los valores de tu empresa… decía ayudarnos unos a otros. A menos que esa regla no se aplique a mí.
Elara se quedó sin palabras.
Victor se puso de pie con corte