Víctor apareció en su puerta con Daniel en brazos y la expresión típica de un hombre que decidió, esta mañana, actuar como si nada hubiera pasado.
Elara abrió la puerta y sintió su rostro hacer algo que no podía controlar del todo.
—Te fuiste temprano —dijo él.
—Tenía cosas que hacer en casa. —Mantuvo su voz firme—. Cosas de buenos días. Cosas de madrugar.
Él la miró exactamente un segundo más de lo necesario.
—¡Buenos días, mami! —Daniel se estiró hacia ella desde los brazos de Víctor.
Ella lo