Maya estaba de pie en el pequeño jardín detrás de la cabaña, con las manos enterradas en la tierra.
El abultamiento pesado de su embarazo había desaparecido, una ausencia física que sentía cada mañana como un dolor hueco en el pecho. Pero donde antes había duelo, ahora había una resistencia silenciosa, disciplinada, y rabia.
Había pasado estos meses ayudando a la Abuela Nan a cultivar los Lirios White Frost, flores raras y delicadas que solo florecían en las altitudes más altas. Eran difíci