Melanie caminaba rápidamente por la mansión Dumas con los puños apretados, tratando de contener el llanto que amenazaba con desbordarse por sus bellos ojos azules, la cantidad de emociones y sentimientos que corrían a través de ella solo se comparaba a un río crecido que desembocaba a una presa a su máxima capacidad la cual se desbordaba de manera irremediable inundando y devastando todo a su paso.
«Melanie tonta, no es momento para llorar»
Se decía a sí misma a medida que se alejaba de la habi