Le había dolido ver esa horrible marca en su cuello, pero no tenía derecho a que le molestara, ellos dos no eran nada, entendía que Adrien era hombre y debía de tener ciertas necesidades, aunque sinceramente le gustaría que las satisficiera con ella, pero eso no podría decírselo, pensaría que era una cualquiera.
—Oigan chicos., ¿Será que Adrien y Lucien bajaran a desayunar? Está bien que es sábado, pero ya es tarde, ellos siempre bajan temprano.
—Esos dos están de lo más raros.
—Si les contara