—Que bueno que estás aquí, así me harás compañía, yo tampoco puedo dormir.
—Yo ya me iba.
—Momento muñequito, tú te quedas aquí conmigo.
Le quitó el vaso con leche que tenía en la mano, después se paró justo enfrente de él, abrió por completo la ligera bata que llevaba, dejando ver que debajo tenía puesta lencería de encaje.
Abrió las piernas para sentarse encima de él, le comenzó a hablar con voz melosa mientras intentaba quitarle la camisa.
Aldo la detuvo, pero la mujer era insistente y terca