Los chicos enfilaron hacia la universidad, tal como lo dijo Sylvie, a los chicos se les caía la baba cuando la veían, todos se preguntaban de donde era esa nueva chica, nadie la reconoció sin su horrible ropa, sobre todo porque las horrendas y enormes gafas ocultaban su hermoso rostro.
En el tiempo libre, iban a comer lo que daba la universidad, no era un manjar suculento, pero era pasable y lo mejor es que era gratis.
El comedor tenía un gran ventanal que daba hacia la calle, apenas se habían