El plazo de tres días que me había dado llegó a su fin, pero yo seguía sin aparecer en el hospital. Como Nadia le susurraba todos los días al oído que se iba a morir, Claudio regresó a casa muy irritado, pero la casa seguía igual que antes, solo que en la puerta había una factura de electricidad por pagar.
Vi a Claudio parado en la entrada, llamándome por el celular. Del otro lado, se escuchó la voz mecánica, indicándole que el número que había marcado estaba apagado. Frunció el ceño y abrió la