El trayecto hasta la antigua propiedad de los Robio transcurrió en un extraño silencio.
Nadie parecía tener realmente ganas de hablar.
Incluso los diez hermanos, que normalmente solían discutir o bromear entre ellos, permanecían en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
Sentada junto a la ventana, Stephanelle observaba el paisaje pasar.
La lluvia había dejado de caer hacía un rato, pero el cielo seguía cubierto de enormes nubes grises.
Instintivamente, llevó los dedos hasta su