capítilo 50

Nadie se movió.

La voz provenía del interior de la casa.

Era tranquila. Casi normal.

Sin embargo, Stephanelle sintió que su corazón comenzaba a latir descontroladamente.

La anciana retrocedió hasta el portón, con los ojos clavados en la casa.

—No debemos quedarnos aquí...

Ben se colocó inmediatamente delante de su hermana.

—Todos detrás de mí.

Sus hermanos se acercaron sin discutir.

Diego tomó suavemente el brazo de Stephanelle.

—Quédate cerca de mí.

El picaporte de la puerta se movió.

Luego, l
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