El restaurante italiano olía a ajo y a arrepentimiento en cuanto entramos.
Victor ya estaba sentado en la mesa de la esquina, mirando su copa de vino como si contuviera respuestas. Cuando nos vio, sus hombros se tensaron.
Nos sentamos. Sin abrazos. Sin sonrisas.
Victor habló primero, con la voz baja y cansada.
Así que. Aquí estamos.
Ethan se inclinó hacia delante, con los codos sobre la mesa. Papá, yo...
No. Victor lo interrumpió, cortante. No te toca hablar primero. Hoy no.
Deslicé la mano por