AMELIA
El apartamento se sintió diferente en el momento en que el estado del vuelo de Víctor cambió a “aterrizado”. Cada sonido se volvió más nítido. El zumbido del ascensor, el tráfico lejano, el tic del reloj en el pasillo. Ethan y yo habíamos pasado el día fingiendo que todo era normal. Desayuno en la cama. Besos lentos en la ducha. Almuerzo en la terraza con los pies entrelazados bajo la mesa. Pero cada vez que uno de nosotros miraba la hora, el aire se volvía más pesado.
A las ocho, el cie