Sandro entró en la casa con pasos firmes, pero dentro sentía que pisaba cristales rotos o quizás era su interior qué parecía estar quebrandose de a pocos, además aa tensión en el aire era casi palpable, se podía sentir incluso hasta en el más mínimo rincón de la casa.
Allí en el sofá estaba Ellie sentada casi acurrucada, con la mirada perdida y el ceño fruncido. Ya no había ni rastro de las flores; había hecho desaparecer esa prueba silenciosa del conflicto.
—¿Por qué no me dijiste que Josia