Mundo ficciónIniciar sesión«¿Se terminó el hambre de curiosidad?».
—Que alma tan patética. —Dijo uno de ellos sin dejar de observar a Rose.
—Si los humanos entendieran que sus deseos pueden ser escuchados por los seres equivocados. —Rio el otro. —No dijeran estas cosas en voz alta.
—Se ve rota. —Murmuro el tercero, sintiendo compasión por aquella pobre joven. —¿Y si la ayudamos? —Dijo mirando a sus hermanos.
—¿Estás loco? —Rugió el primero. —Los humanos son seres inferiores e insignificantes.
—Pero hermano. —Reclamo el otro. —Su pena es enorme y ella solo quiere sentirse amada…necesita-
—Es suficiente, Luca. —El mayor de los tres habló. —Los demonios no somos capaces de darle el amor que necesita a una humana. —Ambos permanecieron en silencio. —Si lo que tanto desea es amor, entonces solo debería buscar a un ser inferior que sea capaz de dárselo.
—Pero…
—Ya escuchaste a Leonardo. —Gruño Matteo mirando amenazante al menor de los tres. —Somos demonios, consumimos, y devoramos todo a nuestro paso, y ella. —Matteo miro por encima de su hombre la escena doble escena que era capaz de ver, tanto de una Rose en el lumbar el limbo entre la vida y la muerte, como la que se encontraba en el hospital por el coma. —Esa humana no tiene nada que ofrecernos.
Luca baja la cabeza, lo que dice su hermano le hace sentido, sin embargo, él siente que puede sacarle provecho a la situación, solo que, no sabe cómo hacerlo.
—¿Y si ella tuviera algo que ofrecernos…la ayudaríamos? —Matteo gruñe y da zancadas pesadas hacia Luca acorralándolo, tal y como lo haría un demonio del circulo de la ira.
—Que te entre en la maldita cabeza…
—Basta, Matteo. —Llamo Leonardo, pausando la que sería una pelea sangrienta entre sus hermanos. —Quizás Luca tenga razón. —Matteo se aparta de Luca.
No lo entiende.
—¿A que te refieres, hermano? —Gruñe Matteo en su lugar.
—He visto el futuro. —Murmura Leonardo mientras una sonrisa macabra surca en su rostro y sus ojos grises brillan con diversión. —Y si lo que vi se hace verdad entonces…esa humana es lo que tanto hemos estado buscando. —Luca no dice nada, Matteo hace una mueca.
—¿Ella?, una humana inferior y débil que se encuentra en ese estado, no es posible que sea capaz de ser a la que tanto hemos estado buscando. —Leonardo hace un ademan con la mano, y en cuestión de segundos, Matteo es estrellado contra la pared, el sonido sordo del concreto siendo destruido invade el espacio.
Luca se encoje en su lugar, siendo un demonio del circulo de la lujuria, las peleas no eran su parte favorita por lo que, enfoca su vista en Rose.
—¿Estas cuestionando mi autoridad, Matteo? —Leonardo flota hacia su hermano quien, estampando en la pared, sonríe de costado, escupiendo la sangre. —Esa humana…es nada más y nada menos que la llave que tanto hemos estado buscando…y dentro de unos años entrara por su propia voluntad a nosotros.
—¿Cómo piensas atraerla? —Matteo como si nada, se levanta y se aleja de la pared donde hace segundos, estaba sintiendo un terrible dolor. Pero, para él un demonio de la ira, no era nada.
—Lo que sucede con sus padres es solo el inicio…tendremos que incitarla poco a poco…debido a la naturaleza humana, si todo sucede muy rápido romperemos su mente…para entonces, es momento de crear un templo. —La orden estaba hecha y Matteo solo hace un leve asentimiento con la cabeza.
—¿Con que podemos empezar, hermano? —Un entusiasmado Luca busca la mirada de sus hermanos mayores, pero solo recibe indiferencia por parte de Leonardo y desprecio por parte de Matteo.
—Empieza a hacerte fuerte, Cachorro. —Le dice Matteo a su hermano menor, el apodo de “cachorro” hacia Luca surgió desde el momento de su nacimiento, para entonces Leonardo y Matteo eran demonios poderosos, igual que animales, lobos poderosos que arrasan con todo a su alrededor, pero Luca, era distinto a ellos.
—Esa debilidad tuya podría arruinar las cosas. —Comenta Leonardo. —Por el momento, crece, consume y entonces, te veremos como un igual. —Sin nada más que agregar, Leonardo y Matteo dejan a un Luca sumido en sus pensamientos.
Sobre todo, en pensamientos negativos.
Mientras tanto, Rose observa todo a su alrededor, el sentimiento de soledad le pesa, sin embargo, vagando más allá de lo que ella cree es su mente, termina encontrándose con la silueta de un joven de cabello blanco y ojos tan verdes como la esmeralda, que lloraba en silencio, cubierto de cicatrices.
Ella, con esa necesidad innata de salvar lo que estaba roto debido al fracaso con sus propios padres, se había acercado sin miedo, consolándolo.
—¿Estás bien? —Preguntaba Rose hacia ese joven tan extraño. —¿Por qué estas llorando? —El joven eleva el rostro, mirando a Rose y quien se sonroja al tenerla casi cerca de su rostro.
—Mis…mis hermanos…ellos creen que soy débil. —Murmuraba el joven, Rose quedo fascinada con su belleza y tragando saliva, acaricia su rostro.
—Yo creo que eres fuerte…mi padre dice que los hombres no deben llorar, pero en cambio tú, no tienes miedo de hacerlo. —Le sonríe ella, Rose también le devuelve la sonrisa, tímida.
—¿Por qué estás tú aquí? —La sonrisa de ella se desvanece en cuestión de segundos.
—Intentaba que mis padres no pelearan…cuando me di cuenta un jarrón golpeo mi cabeza y desperté aquí. —Murmuro. —Quizás…yo… ¿estoy muerta? —La sola idea, hizo que sus ojos picaran por las lágrimas que amenazan con salir.
El joven sin decirle nada, toma su mano.
—No lo estas. —Le calma. —Estas…en el limbo. —Esas palabras caen como agua fría en Rose. —Un estado entre la vida y la muerte, pero…estoy aquí…contigo. —Lentas lagrimas resbalan por las mejillas de Rose.
Ella ríe.
Verdaderamente lo hace y el sonido de su risa hace que el corazón frio de Luca empiece a latir con fuerza, demasiada fuerza. Tanto, que le asusta, pero, por pecho brota una sensación extraña, una que nunca había sentido y le gusta.
—Entonces…cuando salgamos de aquí…búscame. —Le dice Rose. —Estaremos juntos para siempre, y les enseñare a tus hermanos que no eres débil. —Luca asiente rápidamente con la cabeza, una promesa que germinaría por años y años hasta cumplirse.
Lo que Rose no sabe es que, había hecho una promesa con un demonio.
Días después, Rose despierta en la camilla días después, sus padres le habían entregado una pulsera de hilo rojo como un intento hipócrita de pedir perdón por el accidente. Una pulsera que ella creía haber perdido meses más tarde, pero que ahora Luca portaba en su muñeca como un tesoro sagrado.
Entonces despertó.







