20: Pasado.

«Muchas veces, recordar es doloroso.»

Luca se encuentra delante de Rose, mirando hacia abajo, ya no se muestra temeroso, mucho menos parece temblar. No hay duda en su mirada y si es cierto que no debería estar diciéndole esto, no le quedaba de otra.

Quería hacerla feliz y si rebelándole la verdad ella lo seria, que así sea.

—Si yo te dijera la verdad de lo que pasa en realidad… ¿Te alejarías de mí? —Murmura Luca que aún mantiene una expresión seria.

Da un paso hacia adelante, provocando que Rose retroceda, no porque quiera, sino que es instintivamente.

—¿Te irías? ¿Me mirarías como si fuera un monstruo? ¿Me mirarías con asco? ¿me odiarías? —Lentamente Luca toma a Rose de los hombros, ella que no comprende del todo a que se refiere no sabe que responder concretamente.

—Siento que entenderé todo esto si…simplemente me dices la verdad. —Responde Rose, pero esa respuesta no le gusto para nada a Luca quien, la lleva contra la pared, acorralándola sin dejarle escapatoria alguna.

—No puedes dejarme. —Ruge Luca sin dejar de mirarla, su mirada está fuera de sí. —Si me dejas…entonces yo…no sé qué haría…no podría vivir sin ti…y si te vas…entonces yo…

—Creo que lo mejor es que te calmes, Luca. —Murmura Rose, intentando mantener la compostura.

—¿¡Quieres que me calme así yo sepa que vas a alejarte!? —Un rugido escapa de Luca. —¡No puedes dejarme! —Un gruñido sale de los labios de Luca y la presión que ejerce en los hombros de Rose crece de manera abismal, provocando que, ella deje salir un quejido de dolor que él no percibe.

—¡Lu-Luca! —Le llama ella sintiendo miedo.

—Yo…te buscaría hasta los confines del infierno. —Luca empieza a temblar fuerte, hasta que luego se desmorona, quedando de rodillas hacia Rose. —Y te traería de regreso…solo para que estés conmigo. —Murmura sin dejar de temblar.

Igual que la noche anterior, ella siente compasión por él.

—No me dejes…no lo hagas…por favor…por favor Rose. —Pese al pánico que siente ella ahora mismo, no sabe la razón del porqué, pero, necesita que Luca se encuentre en un mejor estado al de ahora y suspira.

Pese a que también se encuentra nerviosa.

Rose decide tragar saliva y entonces, lentamente baja hasta quedar a la altura de Luca, ella con una mano temblorosa acaricia su rostro con una ternura que ella jamás pensó poseer. Rose les muestra una sonrisa a medias, los ojos de Luca se enfocan en ella.

—A mi…no me importa si eres un chico muy extraño. —Empieza a murmurar. —Independientemente si eres un monstruo…o un demonio…sé que eres bueno, Luca. —Le dice ella. —Ahora…necesito que te levantes y hablemos con calma… ¿Esta…bien? —finalmente una sonrisa amable surca en el rostro de Rose.

Y pensar que segundos antes estaba aterrada.

—No te merezco…eres tan buena…tan amable conmigo. —Pronto Luca se encuentra sentado delante de Rose, quien para entonces no deja de acariciar su rostro, casi parece que está acariciando a un cachorro.

Rose no sabe en qué momento sucedió todo esto, pero, se encontraba abrazada a Luca quien, no se ha despegado de ella, los dedos del que se supone es un maestro se pierden en el rojo cabello de Rose y ella, supone que lo mejor sería dejarlo estar.

No es como que tenía algo importante que hacer.

—Nos conocemos desde hace mucho tiempo…Rose. —Suelta Luca de pronto. Él no la mira, y supone que es mejor así. —Esta pulsera…era de tu propiedad, pero yo…me tome el atrevimiento de tomarla. —Rose se gira sobre si, queriendo encarar a Luca.

—¿Cómo? ¿si nunca nos hemos visto cómo es posible? —Su corazón late rápido, Luca la atrae más a él. —Necesito saber…quiero la verdad. —Le pide ella.

El silencio se instala entre ellos por lo que parece ser un largo momento, entonces, sin decir nada, Luca se levanta y camina hacia su altar, busca unos frascos, toma otros y los vierte en algo que Rose cree es una copa.

Al acabar, Luca regresa con pasos suaves y silenciosos hacia ella, posteriormente toma asiendo delante de Rose y le ofrece la copa.

—¿Qué es esto? —Cuestiona con desconfianza. —La última vez que tome algo de ustedes yo…—Luca hace un gesto de silencio. -

—Tómalo. —Le dice. —Comprenderás las cosas con esto. —Rose mira la copa decorada con símbolos que no entiende, solo distingue la figura de una serpiente. —Por favor. —Ella suspira ante la petición de Luca y resignada acepta.

Ya como sangre una vez…esto no sería diferente. ¿verdad?

—Espero que valga la pena. —Rose se levanta con la copa en mano, examinándola, siente ansiedad y Luca parece notarlo, pero no dice nada.

Lentamente ella toma el líquido de la copa traída por Luca, el olor no es desagradable incluso, le sabe a vino, el sabor es potente. ¿Qué era eso en primer lugar?

—Tómalo todo. —Le dice Luca detrás de ella, sus cuerpos chocan y cuando la última gota de aquella bebida se termina, las fuerzas abandonan el cuerpo de Rose quien, es sujetada por los brazos de Luca. —Es mejor así…—Murmura él antes de que ella pierda el conocimiento.

El cuerpo de Rose se volvió completamente pesado, como si sus músculos se hubieran transformado en piedra líquida. La copa de plata resbaló de sus dedos, golpeando la alfombra del Ala Sur sin hacer un solo ruido, mientras el mundo a su alrededor se teñía de un espeso color violeta. Lo último que sus ojos rojos captaron antes de que la oscuridad la devorara por completo fue la mirada de Luca: fija, brillante y cargada de una devoción tan absoluta que rozaba la demencia.

Luca la sostuvo contra su pecho con una delicadeza infinita, sepultando el rostro en el sedoso cabello rojo de su musa.

—Duerme, mi vida... —susurró la Lujuria, depositando un beso húmedo en su frente mientras la cargaba en brazos hacia el altar de terciopelo—. Cuando despiertes, ya no habrá dudas en tu cabeza. Recordarás quién eres... y recordarás que me perteneces.

(…)

Inmediatamente Rose cerró los ojos volvió a escuchar el eco de los gritos y discusiones regresaron a su cabeza.

Recordó la opresión en el pecho que sentía a los diecisiete años, viviendo en la imponente casa de la familia Aldebarán. Un hogar que ante el ojo público y las reuniones de negocios de su padre era el epítome de la perfección, pero que de puertas hacia adentro era un infierno de infidelidades, desprecio y apariencias.

Una noche en especial, la habitual pelea de sus padres escalo rápidamente en un altercado físico, los llantos de su madre, las maldiciones de su padre y el sonido estridente de un jarrón haciéndose pedazos contra su cabeza cuando intentó interponerse para frenar la violencia.

Luego, la oscuridad absoluta, el hospital. Un coma inducido que los médicos no sabían si terminaría algún día.

Fue en ese limbo, en la penumbra de su mente inconsciente, donde Rose recordó haber caminado por un espacio gris y desolado, sintiéndose sola, pidió, con todas sus fuerzas algo que llego más allá que su mente podría comprender.

Pidió no tener que sentir aquello que vivía en casa de sus padres. Rogo y lloro por alguien que en verdad supiera amarla.

Aun si eso significaba que no fuera un amor sano. Ella lo deseo con todas sus fuerzas, sin saber que, su petición escalo hasta el más allá, llegando incluso a interesarle a tres seres que no dejaban de mirarla desde la oscuridad.

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