Mundo de ficçãoIniciar sessão“El castigo será inmediato.”
El frío de la madrugada se colaba por la pequeña ventana, pero el cuerpo de Rose seguía ardiendo. Enterrar el rostro en la almohada no borraba el eco de sus propias súplicas resonando en las cuatro paredes de la habitación gris.
«Por favor, te lo ruego... Leonardo».
Se mordió el labio inferior, encontrando el punto exacto donde la presión de sus propios dientes casi había roto la piel horas antes. La humillación no era una idea abstracta; era física. Se manifestaba en el latido incómodo entre sus piernas, en la tirantez de su vientre y en la alarmante humedad que manchaba el colchón. Leonardo la había desnudado por completo, no solo de ropa, sino de la mentira que había usado como escudo durante años.
Sabía lo que era. Sabía que era una hipócrita.
Trató de girarse, pero el roce de la tela barata del vestido de tirantes contra sus pezones erguidos la hizo soltar un jadeo que ahogó de inmediato contra la sábana. Estaba exhausta, con los ojos escociéndole por las lágrimas de frustración que no había dejado caer frente a él, pero el sueño se negaba a llegar. La pastilla para el insomnio seguía en su apartaestudio, encerrada junto a su antigua vida. Aquí, el único somnífero parecía ser la voluntad de tres hombres que ni siquiera eran humanos.
Miró de reojo la puerta de madera. Esperaba, con una mezcla de terror y ansia adictiva, que el pomo volviera a girar. Que la silueta de 1.90 metros cruzara el umbral para terminar lo que había empezado, incluso si eso significaba tener que arrastrarse a sus pies.
Pero las horas pasaron y nadie regresó. El Príncipe del Orgullo la había dejado exactamente donde quería: devorada por su propio deseo insatisfecho.
Cuando los primeros rayos de una luz grisácea y enferma comenzaron a filtrarse por la ventana, el sonido de tres golpes secos en la madera la hizo sobresaltarse, cubriéndose el pecho instintivamente con la manta.
La puerta se abrió sin esperar respuesta. Pero no eran los ojos grises de Leonardo los que la recibieron en la penumbra.
En cambio, se topó con unas figuras conocidas. Dos devotas, no sabe si eran las mismas que cuando llego, pero, las sonrisas en sus rostros le resultaban inquietantes.
—Hermana….Rose, buenos días. —Saludo una y le extiende unas ropas hacia ella. —Ponte esto y presentante en el altar del lado Oeste, ahí es donde se determinó que harías las tareas diarias. —Rose se queda sin decir nada, no sabe la razón por la cual se siente…decepcionada.
Quizás porque espero que Leonardo volviera.
—Claro…yo… ¿Qué tipo de tareas? —La pregunta salió de sus labios, se sintió ajena a todo.
—Las que la líder Seraphine considere mejor para ti. —Responde otra devota. —Sabemos que ayer fue tu ceremonia de iniciación, pero lo mejor es que te pongas al corriente…de inmediato —Rose asiente. Suponía que eran algunas tareas simples como limpiar pero.
¿Quién era Seraphine? ¿Una líder?
—Seraphine es la administradora del templo. —Le dice una de las devotas, Rose parpadea en su lugar, ¿Cómo supo que estaba pensando aquello? —Es normal sentir curiosidad por todo esto, después de todo, eres la nueva…—Murmura. —Trata de hacer las cosas bien o las consecuencias serán inmediatas. —Sonríe.
— ¿Consecuencias? —El estómago de Rose se sintió dar un vuelco. Las devotas sonríe tranquilamente, no es algo que a Rose le haga sentir menos inquieta.
—El maestro Matteo es quien se encarga de los castigos…por tu bien, haz lo que te decimos. Ahora vamos. —Sin poner mucha resistencia, Rose hace caso a lo que dicen aquellas mujeres.
Pero hay algo en sus miradas que no acaba de convencer a Rose. Pero suponía que lo mejor era hacerles caso. Después de un desayuno rápido basado en avena que únicamente le dieron a Rose, procedió a ir hacia el lado Oeste del templo.
“No debería estar aquí.” Era lo que Rose pensaba sin embargo, no quería una llamada de atención de Matteo, aquel hombre que la miraba con total desprecio en la iniciación, sin embargo, la curiosidad sobre su persona era más fuerte.
¿Qué tan distintos serían los uno de los otros en este lugar? No lo sabe, sin embargo hay algo que la llama.
(…)
—Es aquí, limpiaras este lugar. —La devota de la derecha le muestra a Rose una puerta, el lado Oeste sí que era apartado, la puerta que les impide el paso tiene un gran letrero.
“PROHIBIDO EL PASO”
Esto le da una mala espina a Rose.
—Ahí dice no entre. —Murmura desconfiando. —Creo que deberíamos hacer caso…
—Oh querida hermana Rose, hace tiempo esta habitación quedo desolada. Desde tu llegada se ordenó que debería ser limpiada adecuadamente para ti. —La calma la devota de la izquierda.
—Pero…
—Orden de la líder Seraphine. —Comentan ambas. —Vendremos más tarde a supervisar que todo esté en orden, y será mejor que no salgas hasta que acabes. —Un escalofrió recorre el cuerpo de Rose desde los pies a la cabeza. Ambas fueron escalofriantemente sincronizadas.
¿Qué fue eso?
—A menos claro que quieras hacer enojar a los maestros. —Dice una.
—Debes demostrarles tu capacidad de obediencia sino…—Dice la otra.
— ¿Si no que? —Ambas mujeres ríen un poco, como si fuera un chiste interno que ella se estaba perdiendo.
—Las consecuencias. —Le dicen nuevamente, al mismo tiempo.
—Serán inmediatas. —Termina Rose, niega con la cabeza-—Entiendo, claro debo limpiar este lugar. —Rose sonríe nerviosa y las mujeres finalmente asiente y se alejan. Rose trata de abrir la puerta pero esta se encuentra bastante dura de abrir. — ¿Y cómo se supone que yo…?
Ella se percata de que estaba sola.
Hace unos segundos eran tres y ahora, estaba sola.
—Genial…. —Murmura Rose para sí misma. —Tengo mucho trabajo por hacer. —A duras penas, Rose logro abrir la puerta, encontrándose con piezas antiguas que suponía pertenecían al templo. Aquel cuarto olía a azufre.
Mirando bien aquella habitación, parecía ser una especie de cuarto rojo, pues, artefactos dirigidos para masoquistas y sádicos. La piel de Rose se eriza, ¿Qué clase de iglesia tenia estas cosas? La sola imagen de Leonardo llega a su mente.
Entonces asume que, si Leonardo, líder de aquella iglesia era capaz de tocarla de una manera tan íntima, suponía que encontrarse con estas cosas eran normales pero, ¿Qué clase de iglesia era esta? No era nada que Rose haya visto antes.
Sin embargo, obedece sin hacer preguntas.







