Millie abrió los ojos de par en par. Recordaba a ese muchachito tímido, responsable, buen estudiante, y no daba crédito. Sencillamente le resultaba imposible imagimarlo estafando a alguien o robando a punta de pistola.
—¿Sorprendida? —Se burló Bradox— Pues no solo me convertí en un vulgar ratero, también llegué a ser el cabecilla de una banda de pandilleros y estafadores. Ya sabes lo hábil que soy con los números —añadió con un guiño de ojo.
—Dios,no... —musitó ella.
—Sí, y te aseguro que Dios