—Te he dicho que la plaza se transforma, y no solo eso, la ciudad sale a la calle y se vuelve mucho más bonita.
La plaza era grande, muy grande, rodeada de cafeterías, tiendas, de todo, pero se estaba comenzando a montar lo que parecían puestos. Aquello era impresionante y daba un ambiente diferente a lo que conocía.
Debía reconocer que, en el poco tiempo que llevaba en ese país, me empezaba a gustar y mucho, pero no se lo diría a él, al menos por el momento.
Nos fuimos para la terraza de la