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El reloj marcó las once y punto, y Aurel salió de su cuarto con una sonrisa enorme dirigiéndose a la sala para encontrarse con Teo, quien también sonreiría dando leves saltitos

Aurel traía puesto una sudadera anaranjada, con pantalones negros y zapatillas del mismo color, su cabello castaño peinado hacia los costados

—Ay Aurelie, me equivoqué, tú eres el que está en la palma de Stephen—coment&oacut

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