RUPERT
La habitación está en penumbras, salvo por la tenue luz de la lámpara de mesa que arroja un círculo dorado sobre la cama. El aire tiene un aroma metálico, un vestigio de la tormenta que rugió hace unas horas. Allí está ella: mi esposa, Debby, tendida sobre las sábanas blancas como una muñeca de porcelana abandonada en un santuario.
Tan inocente y tan ajena a las ganas que tengo de follarla ahora mismo, aseguró que besé a otra mujer, y eso tiene que pagarlo caro. ¿Cómo besar a otra cuand