DEBBY
—Suéltame —exijo, con el corazón a punto de salirse de mi pecho.
Pero el que no debe ser nombrado no me hace caso alguno; al contrario, ejerce más fuerza en su agarre. El instinto de luchar se enciende en mí, comenzando con un forcejeo mientras, a empujones, soy arrastrada. Me resisto, tratando de empujarlo con todas mis fuerzas, pero es en vano; es más fuerte que yo.
—¡Joder, que me dejes en paz! —exclamo, viendo de soslayo cómo él ha detenido su auto en medio de la carretera, impidiendo