63. No era de los que se quedan con las ganas
Marisol López
Me sorprendí a mí misma mirándolo fijamente, como si quisiera descubrir cada detalle de su rostro. Erik me devolvió la mirada y sentí cómo el aire se volvía más pesado, como si entre los dos no existiera nada más que ese silencio lleno de algo que no entendía. Bajé la vista enseguida, nerviosa.
—¿Sabes? —rompió el silencio—. No pareces la típica chica que nunca ha tenido novio.
Lo miré con el ceño fruncido, como si hubiera dicho algo extraño.
—¿Y cómo se supone que es “la típica