Mientras Ava terminaba de limpiar el último rasguño en su rostro, Hector permanece en silencio, mirando al vacío. Las palabras de ella resonaban en su mente.
«Estamos casados. David es tu cuñado. Mis padres, tus suegros.»
Hasta entonces, el acuerdo de matrimonio parecía simple, casi estratégico. Pero ahora, viendo a Ava intentar reconstruir puentes con su propia familia, se da cuenta de que había subestimado lo que realmente estaba en juego.
Era fácil mantener el control cuando estaban solo los