Al ver el vehículo desaparecer a lo lejos, Doris es tomada por una repentina conciencia del grave error que cometió.
—Él nunca me va a perdonar —murmura para sí misma, pensando en Hector.
El peso de la decisión cae sobre ella como una tormenta.
—Dios mío, ¿qué hago ahora?
Su línea de pensamiento es pesada y se da cuenta de que necesita hacer algo para no ser excluida de la vida de Hector. Decidida a intentar salir de aquella situación sin cargar con toda la culpa, saca el celular de su bolsillo