Al llegar al hospital, Hector apenas estaciona el coche y ya está abriendo la puerta para su esposa. Los dos caminan por los pasillos ya tan conocidos, pero esta vez el corazón late diferente: es alivio, alegría y ansiedad, todo junto.
Cuando entran en el área pediátrica, son recibidos con sonrisas por el equipo médico. Una de las enfermeras se acerca y habla en voz baja:
—Pueden entrar. Ya está listo esperándolos.
Mientras atraviesan la última puerta, Ava aprieta la mano de su marido, hasta qu