Mientras conduce de regreso a casa, Ethan lanza una mirada de reojo a la esposa a su lado. Rafaela está sonriendo, con los ojos brillando de alegría, mientras habla sobre los nietos que están por venir.
—Quién diría que nos convertiríamos en abuelos tan pronto. Y de gemelos aún —comenta ella—. Esto debe ser un regalo de Dios para aliviar todo lo malo que pasó en los últimos meses en nuestra familia.
—Tienes razón… debe ser —repite él, pero su voz sale distante, casi como un susurro apagado.
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