—Estás loco, ¿lo sabías? —dice Mark, caminando hacia la cocina. —No puedes hacer eso, Hector.
—¿Por qué no? Es mi esposa. Estamos casados. ¿Qué hay de malo en eso?
—El problema es que ese matrimonio de ustedes no es real.
—Sí lo es —rebate, pero enseguida se corrige. —Quiero decir… nos estamos llevando bien. Para que todo se vuelva real, es solo cuestión de tiempo.
—¿Cómo algo puede volverse real si vives solo a base de mentiras? —insiste Mark, apoyándose en la encimera de la cocina con los bra