Así que llega a casa, Hector encuentra a Estelle sentada en la sala. Al verlo, sus ojos se abren como si hubiera visto un fantasma.
—Hector… qué bueno que llegaste —dice ella, apresurada, levantándose con una sonrisa ansiosa.
—¿Qué pasa? Pareces un poco eufórica —comenta él, frunciendo el ceño al notar su inquietud.
—Oh… no es nada —responde, desviando la mirada.
—¿Cómo estuvieron las cosas por aquí?
—Dentro de lo posible, tranquilo.
—Perdón por no poder prestarte más atención.
—No te preocupes