XXXI. Dominieck y Susan amigos o enemigos
— Entonces veo que has podido dar con una preciada perla Emma.
Replico aquella sin titubear, con la voz seria, pero manteniendo aquella sensación de calidez que se percibía venir de ella con mucha fuerza la cual se enmarcaba en toda la curvatura de su boca en la figura de una sonrisa.
La tía tras mirar a Lina se alejó de mi por un momento y se dirigió hasta donde se encontraba tal chica, quien sin poder decir palabra alguna solo se dedicaba a observarle.
Una vez ante ella, tal mujer la