Había pasado una semana desde que Sofía tuvo a su bebé.
Le habían dado el alta del hospital, pero su hija seguía en la UCI neonatal.
Tener que salir del hospital sin la niña en brazos fue una pesadilla indescriptible, como si le faltara una parte de su cuerpo.
Gracias a Dios, estaba con su madre a su lado, que la consolaba diciendo que todo estaría bien.
Kate fue a buscarlas al hospital, conduciendo su carro nuevo. Un Toyota Corolla blanco perlado que había comprado el día anterior con la ayuda