Al darse cuenta de que Eva estaba algo alterada, agradeció mentalmente haber llegado a su destino.
Al entrar por los portones de la mansión, detuvo el auto en la puerta de la casa, por exigencia de Eva, solo para que ella bajara, ya que el estacionamiento quedaba un poco lejos. Después de dejar a la señoritinga allí, llevó el auto al estacionamiento, que estaba cerca del jardín de entrada. Como hacía calor, se bajó del auto y se sentó en un pequeño banco al aire libre, bajo la sombra de un árbol